“Un mundo suspendido entre la memoria y el futuro, una pintura dónde el tiempo sedimentado e interior se cruza con el dinamismo contemporaneo de la percepción electrónica, una mirada sobre la forma que se bloquea y se pierde en una dialéctica constante entre la milenaria imágen fija y su aceleración contemporanea: la obra de Evita Andújar se mueve en estas coordenadas dónde la pintura es al mismo tiempo condensada y disuelta en un sistema constructivo dónde los contrarios se unen y se alejan en un perenne moto circular.
Evita Andújar no teme de aceptar el desafío del color con el cual se pone a la prueba en un modo inteligente, usando los contrastes y las tonalidades fuertes para dar vida a cuadros dónde los inhiestos tímbricos y la intensidad de la paleta se convierten en instrumentos de una acción meditada y coherente, en un trabajo que utiliza el aparato iconográfico, aparentemente sereno, de la vida burgués para transformar radicalmente su significado.
En los límites de este espacio incierto, Evita Andújar ha construido el tejido móbil y abierto de su obra, ampliando los confines hasta llegar a un nuovo límite dónde la metamorfosis de su pintura esflora los límites de la abstración pero sin anular la presencia icónica de las cosas, en una balanza sutil y difícil entre la nostalgia y la vitalidad, entre el perderse y el volverse, en una vorágine dónde las básculas, el tostapán y las tazas se deshacen con el soplo del viento y se transforman en una misterioso polvo de color y de luz.
Los momentos compartidos, los espacios y los objetos de la vida diaria son pintados por el artista enseñando al inizio la estabilidad y la solidez, imágenes que después son destructuradas y trasformadas en una especie de vorágine que atraviesa la propia materia cromática, en una descomposición que dialoga a propósito con la pintura gestual y con una matriz baconiana, pero con una mirada más íntima, dónde el romance metafórico de los dramas familiares no llegan a una dimensión trágica sino que descubre los encuentros invisibles y las melanconías secretas de la existencia cotidiana para encontrar, a través de la pintura, un nuevo equilibrio entre los sentimientos y los eventos, entre la huidad y la vuelta, al confín entre realidad y representación.”

Lorenzo Canova

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